viernes, 16 de mayo de 2014

Setenta y Cuatro: CINCO

“No puedo detener el tiempo que se escapa entre mis dedos…frágiles”, escribí una vez en una de las canciones favoritas de mi banda. Hace una eternidad que no vuelvo a tomar la guitarra para algo en serio como componer o ensayar con otros músicos aficionados. Sin embargo, ahí está esa melodía, y esa letra, que no pierde vigencia en mi vida.

Puede que ahora entienda mucho mejor lo que quise decir con esa frase. Es una real paradoja que hace mucho tiempo que el tiempo ocupe mi tiempo. Durante una época, incluso, reconozco que lo pasé mal, pensando en la finitud de todo lo que nos rodea. No me conformaba con eso, quería retenerlo al costo que fuese. Pero inevitablemente, limitaba con la “fragilidad de mis dedos”.

El esfuerzo por contener la historia, nuestra historia…no debe ser infructuoso, aunque nos lo parezca. No podemos detener el tiempo, es verdad, pero sí podemos elegir qué hacer con él. A pocos días del quinto cumpleaños de Darío, la evaluación de mis decisiones me deja tranquilo y feliz.

En cinco años aprendí mucho más que en los primeros treinta y uno. Aprendí mucho más de mis errores; de mis prejuicios; de mi comportamiento, tantas veces absurdo. Aprendí que mis opiniones nunca son definitivas; que la inconsecuencia no es sino la oportunidad de crecer y dejar atrás una etapa.

La paternidad me hizo hombre, en todo el sentido de la palabra. Me volvió capaz de comprender que detrás de cada palabra hay una intención. Y que cada rostro oculta siempre un sueño.

Hoy me siento capaz de derribar cualquier tipo de límites. Y me he encargado de demostrarlo con hechos, jugándomela por lo que parecía imposible. Aun cuando el porcentaje de logros no sea del 100%.

Tus ojos están siempre sobre mí, recordándome que soy tu héroe personal, y que no hay nada que pueda detenerme. Ni siquiera un reloj en mi muñeca, o un calendario pegado en la pared de nuestra cocina, Cada uno de mis esfuerzos ha buscado estar a la altura de lo que soy para ti.


Cinco años para festejar, mas no para lamentarse. Cinco años para decir: qué rápido que pasa el tiempo, cuando lo vives intensamente. Cuando no hay pendientes. Cuando estás feliz de haberlo entregado todo.

2 comentarios:

  1. Es cierto. La paternidad es una montaña rusa sin paradas, el ritmo lo marcan nuestros pequeños, pero un viaje realmente increible. Acabo de aterrizar por aquí y es para quedarme. Un abrazo

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  2. Gracias por dejar tus sensaciones acá. Concuerdo contigo: estamos en un viaje vertiginoso, pero da gusto sentirse más vivo que nunca! Un abrazo y felicidades por tu paternidad...

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