lunes, 18 de mayo de 2026

Ciento Treinta y Cinco: Una Victoria Pírrica

Cuando los triunfos tienen un alto costo para el vencedor, les llamamos “pírricos”, recordando a Pirro, rey griego que obtuvo una recordada victoria, aunque terminó con su ejército diezmado.

La nueva ley que prohíbe el uso de dispositivos tecnológicos en espacios educativos ha sido celebrada de manera transversal por madres y padres agobiadas/os por una época que nos exige mucho desde lo laboral, quedando la crianza supeditada a las posibilidades que nos da el contexto.

¿Prohibir los celulares en el colegio es realmente un triunfo? ¿O es más bien una inmensa derrota para quienes hemos decidido tener hijos/as? En la práctica, significa que no fuimos capaces de resolver el tema desde nuestra propia manera de enseñar y ejercer la autoridad. No pudimos transferir autonomía y criterio a nuestros jóvenes, para que fueran ellos quienes administraran su relación con la tecnología.

Perdón si se confunde autocrítica con negatividad. Es muy probable que la ley tenga un efecto positivo en la relación de todos los estamentos involucrados, sin embargo, los desafíos parentales no terminarán ahí. Y nuestra autoridad seguirá desvaneciéndose en beneficio del presente y perjuicio del mañana (de nuestros hijos/as).

Quizá sea una victoria, porque se logró un objetivo que potenciará el proceso educativo.  Aunque yo agregaría que es pírrica, pues quedamos profundamente dañados en nuestro rol de mamás y papás y frente a un desafío inmediato: ¿qué hacemos para que esos jóvenes que llegarán a casa ávidos y con angustia por carencia de pantallas, no las utilicen hasta la hora de dormir?


martes, 14 de enero de 2025

Ciento Treinta y Cuatro: El Desafío Enorme de Sorprender

La época que vivimos tiene cosas extrañas. Más bien, nos parecen raras a quienes ya estamos en otra etapa de “madurez” en la vida. Es la lógica de los cambios generacionales. Quienes somos mamás y papás hoy, estamos llamados a descifrar a hijos e hijas en códigos y maneras de hacer a las que no estábamos acostumbrados.

Y en un mundo que corre cada día más rápido, cuesta bastante. Más que las nuevas palabras o las nuevas costumbres propias de la juventud de siempre, tiene que ver con la exigencia que nos hace esta realidad, sobre la experiencia de existir en este mundo.

Cada día más nos cuesta sorprendernos con aquello que nos rodea. Muchas de las cosas que veíamos en películas o series son hoy una realidad con la que la infancia y los jóvenes conviven, asumiendo que siempre hay un camino fácil para alcanzar aquello que están buscando.

No es la Internet, ni las Pantallas, ni el Streaming. Es la reflexión que yace bajo la tecnología y la sociedad del conocimiento: ¿para qué querría hacer algo, si ya está todo hecho? La amenaza y el enemigo más reciente se llama Inteligencia Artificial y se instaló rápidamente como una tentación a la mano. Una herramienta mágica que lo responde todo. Que es capaz de evitarnos “la fatiga de pensar”.

Es inevitable y obligatorio que asumamos con propiedad ese rol de mediadores que ya habíamos comentado en estas páginas hace algún tiempo. Que entendamos que nuestra ausencia puede ser catastrófica para el desarrollo de niñas y niñas, al no verse desafiados, ni sorprendidos por una realidad que tiene que resultarles tan atractiva, como para querer descubrirla. Y no tener miedo a equivocarse en ese esfuerzo.

Ciento Treinta y Tres: Urgente, Criar Buenas Personas

La ética es la rama de la filosofía que estudia la conducta humana: lo correcto y lo incorrecto (y las razones para ese acuerdo). ¿Por qué la definición? Porque en esta época da la impresión de que hemos perdido de vista la importancia de transmitirla y enseñarla como parte del ejercicio de la crianza.

Es un hecho: niños y niñas no nacen “buenos” o “malos”. Sí nacen con la capacidad de aprender a discernir entre ambos mundos, incluso desde muy temprana edad. ¿Quién les enseña? Básicamente, su entorno, representado por la familia y el colegio.

Si el entorno falla–como tristemente sucede a diario en nuestra sociedad, por diversas razones- tendremos futuros adultos atraídos por el delito como camino válido para sus vidas. Una tragedia constante, que debería convertirse en un desafío a superar de manera colectiva.

Si el entorno tiene la capacidad, el tiempo, la formación y no pone foco en la enseñanza de la ética (por razones que también resulta urgente conversar), las consecuencias serán similares, con la diferencia de que nos estaremos preguntando “¿cómo pudo ocurrir esto acá?”.

Bullying; abuso sexual; uso perverso de la tecnología para denigrar a otras personas. Tres ejemplos de situaciones que han ocurrido últimamente en espacios supuestamente privilegiados. La familia parece no estar ¿por qué? El colegio parece no haber levantado las alertas a tiempo ¿por qué?

Durante los últimos 15 años, filosofía ha estado a punto de desaparecer del currículum escolar. aunque felizmente, la resistencia de unos pocos ha sido tozuda. Aun así, resulta urgente profundizar en la escuela para resolver los dilemas que enfrentan nuestros hijos/as por estos días.

¿Y por casa, cómo andamos? Comentar nuestro día; discutir el fondo de una película o de una noticia en conjunto; abrir conversaciones profundas en la mesa. ¿Realizamos acciones conscientes para que nuestros niños/as resuelvan problemas de índole ética? Para formar juicio y pensamiento crítico, no bastan el Hombre Araña o la Mujer Maravilla. Hacen muchísima falta papá y/o mamá.

Ciento Treinta y Dos: Tan lejos, tan cerca


Existe un largo trecho entre eso que conocemos como “sobreprotección” y lo que entendemos como “lejanía parental”. En ese enorme espacio yace una diversa acuarela de matices respecto a la posición que asumimos como madres/padres en la relación con nuestros/as hijos/as.

¿Por qué hablar de esto se vuelve importante en estos tiempos? Porque las autonomías de niños y jóvenes se han modificado profundamente, en comparación con las vividas por nosotros, los adultos responsables de este presente. Están pasando mucho tiempo solos, resolviendo cotidianamente desafíos, situaciones y obstáculos sin acompañamiento de mamá o papá.

Están conectados a redes casi de manera permanente, accediendo a información que desconocemos. Asumiendo cosas como “ciertas”, por el solo hecho de haberlas recibido de parte de alguien de su círculo de amistad. Están viviendo emociones y aprendiendo a administrarlas, casi en silencio, porque cerca no hay nadie de confianza para compartirlas.

¿Dónde hemos decidido permanecer, como adultos? ¿Dónde somos capaces de estar? (si estamos sobrepasados laboralmente). Como al comienzo de esta columna ya se ha dicho, resulta relevante ser conscientes de que en este caso –como en la vida misma- nada es tan blanco ni tan negro. Que podemos movilizarnos en ese vínculo, para estar cerca cuando sea necesario. Y tomar distancia, cuando reconocemos certezas de que hay cosas que andan bien.

Se entiende que no podamos estar en todas. Y también, que podemos estar en las relevantes, detectando señales de riesgo; evitando que ciertas influencias les afecten; cortando de raíz dolores que, en otra circunstancia, no habría sido posible ver. Estando, a veces, lejos. Y en las que importan, mucho más cerca.

Ciento Treinta y Uno: Quejarse es Quererse

Algunas columnas atrás escribí acá acerca de la inevitable imperfección materna/paterna. Por supuesto, quienes hemos elegido este camino de manera consciente y lo amamos de corazón, lo damos todo para acercarnos al óptimo.

Aunque tenemos claridad de que a veces, no es suficiente. Y nos duele. Sufrimos, de cierta forma, cuando creemos no estar a la altura.

¿Y cuando estamos cansados? ¿Cuándo deslizamos una queja, un suspiro de agotamiento porque la cabeza y el cuerpo no dan más? No faltará por ahí quien comentará, con escasa empatía: “Ya, pero tú quisiste tener hijos/as”; “No deberías quejarte tanto, si tu elegiste ser papá/mamá”.

Elegimos cientos de opciones en la vida. Algunas de ellas, maravillosas en momentos, también pueden terminar trayéndonos cansancio o aburrimiento.

Somos seres humanos, no máquinas. Lo que un día nos resulta luminoso e inspirador, al siguiente puede parecernos una carga imposible de sobrellevar. Amamos a nuestros/as hijos/as y eso no quita que, de vez en cuando, queramos tener un “descanso” de la crianza. Que añoremos un pequeño recreo para una labor que es continua y exigente.

¿Quejarse es no querer? Por el contrario, quejarse esporádicamente es señal de amor propio, de que aún nos reconocemos como personas conscientes de nuestra individualidad. Nada tiene de “malo” o de “perverso” mirarnos a nosotros/as mismos a través de esa queja, para evitar “anularnos” en medio de un camino en que lo que somos va desapareciendo demasiado, en ocasiones.

viernes, 24 de mayo de 2024

Ciento Treinta: La Crianza también es Aprendizaje (a propósito de Días de la Madre y del Padre)

La perfección no existe, ¿estamos de acuerdo? En todo lo que hacemos, la perfección es una búsqueda permanente, una utopía que nos impulsa a mejorar. En consecuencia, no existen ni madres ni padres “perfectas/os”.

Lo que hacemos, de manera ideal, es dar lo mejor de lo que somos pensando en estar a la altura de un desafío que es cambiante y complejo. Vamos tomando decisiones, sin tanta seguridad a veces, esperando que las cosas funcionen bien. Y nos equivocamos en más ocasiones de las que quisiéramos.

Celebrar una vez al año al padre o a la madre, es una oportunidad para agradecer a figuras que son imperfectas. Para algunas personas incluso, puede representar el dolor de alguna ausencia o de una relación que, con mucha razón, se desea olvidar. Vaya siempre nuestra empatía para ellas.

Es cierto que no basta con la intención, aunque importa. Perdonamos a papá y mamá alguna vez porque, al menos, entendimos que querían lo mejor para nosotros/as. Y porque también los años nos mostraron que no existen “manuales” para ejercer un rol de los más difíciles que pueden existir. 

Para quienes hemos tenido la oportunidad de tener hijos/as, esto se vuelve más patente aún, pues lo experimentamos en primera persona y se agudiza con los años. Probablemente, ante más de alguna situación, alguno/a de quienes están leyendo esta columna han recordado, como un mantra, esa frase que solían decirnos: “Ya vas a ser mamá/papá”. Y vaya que resulta ser real.


martes, 7 de marzo de 2023

Ciento Veintinueve: ¿Para qué estudiar?


Cada temporada estudiantil trae consigo el desafío de volver a motivar la conexión de nuestros hijos e hijas con contenidos, cuadernos y trabajos. Las vacaciones, más encima, aportan con una distancia –necesaria y saludable- que hay que resolver de la manera más gradual posible.

Dicen que con los años lo de “crear ganas de estudiar” se ha puesto más complejo aún, por la cantidad de tiktokers y youtubers que ganan millonadas simplemente por transmitir contenido por sus redes. Claro, desde la lógica infantil y/o juvenil, resulta fácil argumentar algo como: “Para qué estudiar, si por Internet se puede ganar mucha plata”.

Ante este escenario desafiante, lo primero como mamá o papá, es contrapreguntar: “¿Estudiamos para ganar dinero?”. La respuesta más sencilla es que sí que, en lo más concreto, nuestra responsabilidad y constancia estudiando nos llevarán de una u otra manera a contar con herramientas para ganarnos la vida en un mercado laboral siempre cambiante.

Lo que sigue es buscar la respuesta más profunda: ¿Estudiamos sólo para ganar dinero? Y ojalá naturalmente pueda aparecer una conversación sobre lo que significan el saber y el conocimiento, para nuestra autorrealización. ¿De qué manera el aprendizaje permanente nos vuelve mejores personas? ¿Cómo el estudio nos permite dejar este mundo mejor que cuando lo encontramos?

Estudiar trasciende. Deja huellas en el mundo y en las demás personas. En etapa de cuestionamiento infanto-juvenil debemos ser capaces de transmitirles ese mensaje, inspirando desde las posibilidades que se encuentran justo enfrente de ellos/as, las cuales son infinitas. Y dependen, en gran medida, de la idea que cada uno/a tiene acerca del futuro.

miércoles, 4 de enero de 2023

Ciento Veintiocho: Quedarnos con lo Bueno


Es época de cierres y evaluaciones para niñas y niños, por lo que resulta importante recordar que la medida de esa apreciación no es única. No puede ser única, porque cada espíritu es diferente; porque cada quien enfrenta metas relacionadas con su capacidad; con sus posibles dificultades; con los contextos en que se desenvuelve.

Idealmente, así debería ser. Aunque sabemos que, en la práctica, las calificaciones generan ciertas dinámicas que pueden llegar a agotar a nuestros/as hijos/as. La presión y exigencia desmedidas van desgastando, más todavía cuando al mismo tiempo, desaparece el reconocimiento.

“Quedarse con lo bueno” es ser justos en el análisis; sinceros en identificar las brechas y los avances. Acogedores para valorar los logros, identificando todos los que sean posibles. Son esos pasos hacia adelante los que van motivando y generando condiciones para seguir creciendo.

¿Y los fracasos? Ideal comenzar a llamarlos de otra forma. “Lecciones”, “aprendizajes”, “oportunidades”, dando a entender que también existen y que nunca son definitivos. Que siempre hay una chance para hacerlo de nuevo y con una estrategia diferente. Porque, así como equivocarse es parte de la vida, también lo es la opción de levantarse.

¿Aprendiste algo nuevo? ¿Leíste mucho más que el año pasado? ¿Te relacionaste con amigos y amigas que te hicieron sentir bien? ¿Conocimos cosas nuevas en familia? Tanto a favor, mientras experimentamos la alegría de vivir. Sólo hace falta abrir bien los ojos, para verlo.


miércoles, 24 de agosto de 2022

Ciento Veintisiete: Sobre el Lenguaje que Usamos

Yo cuido mucho mi lenguaje. Incluso en contextos más laxos como el estadio de fútbol. O manejando el auto.

Hasta si estoy solo, he aprendido a administrar el uso de palabrotas, para que no me ocurra un exabrupto de manera inesperada. 

No quiero que los niños normalicen un uso indiscriminado de las groserías. Con el mayor, de 13, ya conversamos sobre ciertos espacios donde sí puede haber cierto relajo (ni me imagino cómo se garabatean entre pares a esa edad 😳😳). Aunque me deja tranquilo el hecho de que comprende y aplica criterio sobre otro tipo de conversaciones.

¿Tratarlos a ellos a garabato limpio? Lo he visto en la calle y me duele en el alma, porque acá ni se nos pasaría por la cabeza. La grosería como método "disciplinario" humilla, denigra y genera un recuerdo horrible que ensucia la infancia completa.

¿Trato amistoso con
garabatos, especialmente con hijos varones y no con las hijas? Lo sigo viendo, seguro ustedes también en su entorno. ¿Patriarcado y machismo otra vez? En efecto, pero "suavizado" por esa suerte de autoconvencimiento de que se trata de una diferencia "natural" de género (de la cual proviene eso de que las mujeres no pueden decir malas palabras). Y claro, de que a los niños varones "les hace sentir más grandes y más hombres" que se les trate como pares, con garabatos.

No son nuestros pares, son nuestros hijos. 

#papaenrodaje #crianza #paternidad #maternidad

lunes, 5 de abril de 2021

Ciento Veintiséis: Papá en Rodaje, La Revancha


En 2013 publiqué por primera vez mis historias de “Papá en Rodaje” en formato libro (bajo la etiqueta de Aguilar-Random House)

7 años después, he sentido que se vuelve sumamente necesario volver sobre la Equidad de Género y la Corresponsabilidad, desde una perspectiva masculina.

Las mujeres han hablado con fuerza y no hemos sido capaces de generar un correlato acorde a la necesidad urgente que la sociedad tiene de establecer verdadera #justicia

La #pandemia nos ha pegado fuerte y nos ha hecho retroceder más de una década en el camino hacia una verdadera igualdad. Las mujeres se han visto forzadas por la situación a retroceder hacia las tareas domésticas y de crianza. Los varones permanecemos estáticos y muchos todavía incapaces de reconocer que la brecha es más profunda de lo que creen. Algunos, ni siquiera la han visto.

Vuelve “Papá en Rodaje” en versión impresa, con revisiones y correcciones. Además de algunas sorpresas adicionales, debo decir.

¿Un regalo para quien será próximamente papá? ¿Para quien acaba de serlo? ¿Para una pareja que acaba de embarazarse?

Una lectura liviana y cotidiana para conectar con la idea de una crianza compartida y comprometida con la #EquidadDeGénero

Para encargar online con despacho a domicilio gracias a Bros Librerías  en el siguiente vínculo:

Papá en Rodaje en BROS

Gracias por recomendar, difundir, apoyar a esta voz masculina por una sociedad más justa 🙂🙂🙂

martes, 15 de diciembre de 2020

Ciento Veinticinco: "Solo, papá, solo"


Hace dos semanas que los #mellizos cumplieron 3 años. Hablan poco todavía (no es algo que nos vuelva locos en casa, porque entendemos que cada persona crece a su ritmo. Uno de las frases que más usan en lo cotidiano es la del título “solo, papá, solo”.

Cada vez que les enseño algo nuevo e interesante a sus ojos infantiles, quieren probar cómo se hace, a través de sus propios medios. Regar el patio; abrir la puerta del auto; poner un disco o un pendrive en el reproductor; tocar la guitarra; usar el control remoto; preparar la masa para hornear pan, por poner algunos ejemplos.

Para las cosas más aburridas, no existe tal disposición: comer la comida; sentarte a hacer pipí o caca; ordenar los juguetes…Son niños y son humanos como nosotros, los adultos, a quienes también lo rutinario nos da lata. Es el desafío lo que nos mueve con mayor rapidez y efectividad.

Los dejo hacer cosas solos, luego de analizar los diversos niveles de riesgo involucrados. Y las consecuencias. A veces, hacerlo solos no parece tan entretenido como se veía cuando era el papá el protagonista, y lo dejan rápidamente (nuestra lucha con las expectativas comienza con nuestro nacimiento). Otras veces, quieren seguir y seguir, hasta que papá pone límites (otros de los aprendizajes que no termina jamás: la tolerancia a la frustración).

Están creciendo rápido. Por la #pandemia y el #encierro he sentido muy de cerca la evolución de los muchachos. Y me encanta saber que ya están en el escalón que sigue. Que vienen cosas todavía más movidas para mamá y papá. Lo que será un desafío digno de lo mejor de nosotros.

 

 

 

martes, 13 de octubre de 2020

Ciento Veinticuatro: Lo Individual no define lo Colectivo

 


Uno de los obstáculos más complejos del cambio, es la falta de sentido de urgencia. O al revés: esa idea de que hemos avanzado, cuando estamos casi en el mismo lugar. Estáticos.

Y es que, como dice esta imagen, "tu experiencia personal no define la colectiva".

Si como mujer te abriste paso laboralmente, asumiendo incluso una jefatura/gerencia, al superar los obstáculos tradicionales del género, lamento decir que no es porque "las cosas hayan cambiado", ni porque "la que quiere, puede". Resolviste lo propio, pero habrá miles/millones que no podrán hacerlo.

Si como hombre compartes con amigos deconstruidos, sin pornografía en Whatsapp, sin memes machistas, y charlas en que comentas con libertad lo guapo que es Brad Pitt, tengo que contarte que lo tuyo es excepción. Que la mayoría de los hombres sigue anclado en la formación patriarcal del siglo XX.

Los números de la #pandemia sobre #corresponsabilidad han demostrado que una cosa es lo que se dice y se cree. Y otra muy diferente, la que se hace y se vive. Las mujeres han vuelto a llevarse el mayor peso.

Estimado varón: si en tu casa la #equidaddegénero es cotidiana, mi invitación es para no perder de vista lo que ocurre afuera. E influir en otros, para que lo "escaso" se vuelva "regla". Y la justicia llegue a todos/as.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Ciento Veintitrés: El Corazón Bajo el Cristal


 ¿Cuánta soberbia hay en denominar "Generación de Cristal" a jóvenes y niños de este presente, que estamos compartiendo?

¿Cuánta amnesia selectiva; cuánta normalización de viejas (y obsoletas) prácticas; cuánto aire de superioridad con respecto a la propia experiencia? ¿Cuánta falta de autocrítica?

Cuando entré a kínder (en 1982) fue un mundo nuevo para mí. A pesar de que estuve un año en un jardín de niños y niñas, era otra cosa ir al colegio: el edificio era enorme y había educadoras distintas, nuevas rutinas, un desafío tremendo para alguien de 5 años.

Usaba yo unos tremendos lentes "poto de botella", pues nací con un severo grado de hipermetropía (que conservo muy parecido hasta hoy). Los niños me molestaban, me pusieron nombres de todo tipo: "cuatro ojos"; "ciego", entre otros.

Llegué llorando muchas veces a casa. Mamá fue al colegio a hablar con las "tías" por el tema. Quien la atendió, le dijo que "los niños son así y él tiene que acostumbrarse, tiene que hacerse fuerte". Mi mamá nunca se olvida de la rabia y la impotencia que sintió.

Pero efectivamente: me hice fuerte. Decidí "asumir" ese tipo de cosas y peor que eso, comencé a devolverlas. Entré en la dinámica de la jungla escolar de aquel liceo masculino, y la profundicé en el siguiente, también sólo de hombres. Algunos de esos años me volví insoportable (me arrepiento mucho), porque era la manera de protegerme de los ataques de los demás.

Me golpearon de diferentes formas (jamás pegué un combo, nunca fui bueno para eso); molesté a otros, puse apodos, me refugié en grupos de amigos para evitar ser el centro de "las burlas de turno". Sobreviví, pero no me olvidé de nada. Tampoco de aquellos que lo pasaron horrible y que deben ser adultos con varias secuelas.

Aprendí esa lógica absurda de que "ser hombre" era un desafío cotidiano. Claro, porque cualquiera podía juzgar lo que hacías y llamarte "maricón" (con todo lo que ello implicaba de ahí en más para tu relación con los demás). Nadie quería eso. Ni siquiera los que de verdad estaban viviendo un despertar de atracción hacia el mismo sexo. Ellos sí que fueron reales supervivientes. Hoy los admiro aún más.

Yo era de cristal y me tuve que volver de acero, para que no me quebraran una y otra vez, de lunes a viernes. Era de cristal y tuve que guardarme lo mejor de mí hasta que ya estaba por salir del colegio y entendí de golpe qué cosas eran realmente relevantes y cuán poco importaba el juicio ajeno.

¿Crees que la violencia, el machismo y el bullying te "prepararon para la vida"? Pues yo lo volvería a pensar varias veces, porque probablemente lo que hiciste fue naturalizar para tu vida conductas que hoy sabemos que no son las ideales.

"Lo que pasa es que ahora se ofenden por todo".

Lo que pasa es que venimos de un tiempo en que nos ofendíamos por costumbre y asumíamos que a nadie le importaba, que a nadie le dolía (lamento decir que sí hubo muchas heridas). De una época en que el sexo era lo que veíamos en las páginas de unas revistas con mujeres desnudas, que alguien consiguió a escondidas (algunos trajeron eso al whatsapp de hoy). Y la masculinidad, era ser quien pega más fuerte; el que mejor juega a la pelota y el que se ha "comido más minas".

Qué alegría saber que los colegios tienen protocolos para el bullying. Qué bueno saber que hay sicólogos que abordan internamente situaciones complejas. Qué esperanzador saber, por mi hijo de 11 años, que no hay apodos, que sólo hay bromas y que niñas y niños se respetan de manera natural y se ven como iguales.

Llamaron "feminazis" a mujeres en búsqueda de la igualdad de género.

Llamaron "buenistas" a personas construyendo un mundo más justo, desde la ética.

No llamen, por favor, "generación de cristal" a nuestros hijos/as, sólo porque nos han hecho ver lo estúpidos e insensibles que fuimos en aquellos años. Lo mínimo que podemos hacer es escucharlos, para entender cuánto corazón y cariño le están poniendo a una sociedad nueva.

 

lunes, 24 de agosto de 2020

Ciento Veintidós: A Mí Me Importa (¿Y a ti?)

Aquellos/as que plantean con tanta seguridad y desdén que "las nuevas generaciones son demasiado sensibles", ¿han analizado si acaso en otra época, normalizaron ciertos comportamientos?

Acoso, burlas, machismo, discriminación, misoginia eran cosa de cada día en la vida escolar hasta los años noventa, incluso. ¿Algunos/as se trajeron concepciones y prácticas de esa época hasta la actualidad? ¿Yace ahí la causa principal de la resistencia al cambio?

"Es que ya no se puede decir nada", he escuchado por ahí y no deja de sorprenderme que la comodidad sea más fuerte que la empatía. ¡Cuántas cosas podemos seguir diciendo: miles! ¿Cuántas bromas podemos inventar, sin necesidad de pasar a llevar a otros/as? Pues, millones.

"Es que los millenials se sienten ofendidos por todo". ¿A cuánta gente habremos ofendido antes, durante décadas (y me incluyo, porque no era capaz de ver mi incompetencia), sin que los ofendidos nos manifestaran su malestar?

Dañamos a muchos/as. Y creo que la mayoría no quisiéramos volver a hacerlo. Con ese fin, es bueno siempre recordar que la comunicación se completa en el otro. Es importante lo que piensa, lo que siente. Yo, por lo menos, decidí hacerme cargo siempre de lo que digo. Y DE LO QUE EL OTRO ENTIENDE. 

lunes, 27 de abril de 2020

Ciento Veintiuno: La Real Inequidad (se nota más) en Cuarentena

Cuarentena y teletrabajo, tiempo para profundizar en el complejo y largo camino hacia la hashtagequidaddegénero Lo he venido planteando acá durante estas semanas: es un hecho que la mujer se ha llevado la carga más pesada en esta etapa, porque la corresponsabilidad sigue estando lejos. Publicaciones como ésta, de La Tercera, ayudan a visibilizar esta realidad y aplacar el triunfalismo de algunos/as

Brecha de Género en Chile
Me he encontrado también con otro tipo de publicaciones, en redes sociales, principalmente en sitios de madres y maternidad. Posteos que "de manera divertida" asumen y prolongan los roles del hogar que buscamos redistribuir. Justo cuando esta crisis nos enfrenta a las mayores dificultades de la inequidad. "10 cosas que sólo las mamás entenderemos" / "Los niños despiertan 3 veces en la noche y papá sigue roncando...¡Pero igual queremos a los papis!" / "La locura de ser la mamá en cuarentena" Abordar el tema desde esta perspectiva nos hace retroceder. Estos mensajes muestran a la mujer una realidad que es inmutable, cuando muchos estamos difundiendo lo contrario. Les hace creer que el desafío es de adaptación y que les pertenece a ellas. Y el desafío es de una sociedad completa. Sobre todo, de aquellos con el privilegio de haber nacido varones. hashtagcrianza hashtagpaternidad hashtagmaternidad

miércoles, 8 de abril de 2020

Ciento Veinte: Ser papás/mamás en cuarentena


Verdadero: papás y mamás (en general) no somos profesores. No estamos preparados para enseñar en confinamiento. Y aunque estuviésemos preparados, no nos queda tiempo, porque también debemos trabajar y hacer las cosas de la casa. Estamos haciendo lo que podemos y la mayoría, puede poco o nada.

Verdadero: el colegio no es guardería. Valoramos mucho que los niñas/os estén gran parte del día allá, porque sabemos que están seguros y nos permite trabajar tranquilos. Pero el principal rol del equipo educador es enseñar y formar personas.

Leí por ahí algo como "ahora que tengo a los/las niños/as en casa, creo que a los profes deberían pagarles en lingotes de oro". Muy graciosa frase y funciona incluso como meme, pero dice cosas sobre tu paternidad/maternidad que no son del todo maravillosas.

¿Conocías poco a tus niños/as y los estás redescubriendo? ¿Con la crisis te diste cuenta de que los disfrutas en partes acotadas del día, algo así como en "cápsulas"? Yo apostaría a que, al revés, ellos están felices de tenerte/verte mucho más que antes.

El colegio no es guardería y los profesores no son "papá y mamá". Con esfuerzo, lo son en su propia casa, pero en la sala de clases no nos están "reemplazando". Quizá sea tiempo de hacerlo consciente. Y hacernos cargo. #paternidad #confinamiento

lunes, 9 de marzo de 2020

Ciento Diecinueve: "Apoyar" la Equidad es también CONSTRUIRLA


Es cierto, la mujer lleva años integrada a los espacios de trabajo. Desde el punto de vista de las organizaciones, sin embargo, falta que:

- Sea considerada en ámbitos radicalmente masculinizados.
- En el mismo rol de un hombre, gane lo mismo.
- Pueda llegar de manera masiva a cargos de dirección. Sigue habiendo un techo.
- Haya procesos de reclutamiento y selección paritarios (con cuaternas de 2 y 2, por ejemplo).
- Se reintegre de manera gradual si ha decidido ser madre, para que no se sienta desplazada ni candidata al despido, al volver.

Desde el punto de vista individual (depende de cada uno de nosotros), tenemos varios pendientes. Y uno en particular, se encuentra a la raíz del abuso permanente respecto al rol de la mujer en nuestra sociedad: la inexistente corresponsabilidad en el hogar.

Muchísimas mujeres en Chile (la mayoria) terminan su jornada laboral en una empresa, toman una micro, el metro y llegan a casa para cumplir una "doble jornada", cocinando, cuidando niños, planchando, mientras papá se dedica a ser atendido (o, simplemente, abandonó el hogar).

¿Qué estamos esperando los hombres para dejar de "apoyar la igualdad" y comenzar a HACER cosas concretas para volverla una realidad en el espacio hogareño?#8M #EquidaddeGénero #DíadelaMujer #Masculinidades

jueves, 13 de febrero de 2020

Ciento Dieciocho: El Buen Papá


Eran las señoras de antes las que hacían ese tipo de juicios. Bueno, ahora que son abuelas o bisabuelas, lo siguen haciendo. “Esteban es un buen papá. Se preocupa tanto de los niños”, suele ser su frase típica en una conversación en que cuesta ser contraparte. ¿Qué puede decir uno? Me encantaría preguntar por el criterio implicado en ese juicio, pero qué va. Uno asume, finalmente, que se trata de una opinión anclada en otra época.

¿Qué es ser hoy un buen papá? La pregunta es fácil, las respuestas difíciles. Desde mi humilde perspectiva, hay una diferencia notable entre destacar como papá en una cultura en que la paternidad es precaria y realmente hacer el trabajo de ser padre, con todo lo que ello implica en la vida de un hijo/a (o hijas/os).

¿Qué tan buen papá es alguien que comparte con sus hijos los fines de semana, porque llega tarde de lunes a viernes? Podríamos decir que es buen papá, porque hay un porcentaje inmenso de hombres que ni siquiera tuvieron la dignidad de quedarse a aprender a serlo. Todas/os conocemos a alguien, amiga o familiar, que es mamá en soledad, porque nunca más vio al responsable biológico del niño/a. Somos un país de “abandonadores”, una tendencia lamentable de América Latina, en general.

¿Es una buena mamá la mujer que comparte con sus hijos los fines de semana, porque llega tarde de lunes a viernes? La sociedad en que seguimos viviendo dirá que es una pésima madre; que los hijos son su prioridad; que no tiene la naturaleza de la maternidad. Cruel, pero cotidiano. Eso pasará incluso si el padre fue el que asumió ese rol. Una mayoría (no todos baby boomers), dirá sobre él: “pobrecito, está haciendo un rol que no es el suyo”. Y agregará “que gran papá es”. Y a ella, en su próxima entrevista de trabajo, alguien le preguntará “¿tiene hijos o desea tenerlos?”.

Yo llevo casi 11 años de papá; he dedicado horas, días y semanas de mi vida a trabajar en mi paternidad para estar a la altura. He escrito durante 8 años este blog, pensando en compartir experiencias, visiones y urgencias del rol. Publiqué un libro y me invitan frecuentemente a hablar sobre crianza desde el punto de vista masculino. ¿Soy un buen papá? En lo absoluto. Sí puedo decir con certeza que dejo el alma en el esfuerzo. Que lo disfruto.

Hoy tengo más claro que antes, que sigue habiendo voces critican y no entienden la lógica de roles que tenemos con mi compañera de vida. Y es que no hay lógica. El que tiene la posibilidad, asume la responsabilidad. Y lo hace pensando en el bienestar de todos, no en el propio. Y eso sí que lo cuento con orgullo, ¿cuántos hogares en este país pueden decir lo mismo que decimos nosotros? En realidad, muy pocos. ¿Cuántos logran sostenerlo en el tiempo? Menos aún.

No sé quién es “el buen papá”. Pero sí tengo claro que no es aquel que cumple medianamente bien los roles “históricamente femeninos”, como lavar la loza o cocinar. Lo que hace, en realidad, es lo mínimo que uno espera de alguien que trae un hijo al mundo. De hecho, también diría que es lo mínimo que uno espera de alguien a quien eligió como pareja. Aunque ¿quién soy yo para criticar las razones de cada uno para decidir con quién hacer su vida?



martes, 3 de diciembre de 2019

Ciento Diecisiete: Circuncidar el Futuro


Con estupor he visto circular en redes sociales el aviso de una clínica privada chilena promocionando sus servicios para la “circuncisión infantil”. Con 41 años, 3 hijos y una década escribiendo sobre crianza, me parece justo y necesario usar esta voz, que ustedes han honrado con su fidelidad, para gritar muy fuerte que LA CIRCUNCISIÓN ES MUTILACIÓN. Y que me disculpe la tradición milenaria de alguna religión, pero lo es. No es una cuestión “natural”.

En pleno estallido social por condiciones más justas para vivir, este tipo de “ofertas publicitarias”, creo que se guían por la misma lógica que nos ha llevado a la crisis actual. Eso de hacer negocio con las necesidades de las personas.

La estrechez del prepucio, que no deja asomar la punta del pene, se llama fimosis. Y fue históricamente corregida mediante ejercicio mecánico. Y cuando ya se había hecho demasiado tarde para dicho proceso, con una brevísima incisión en la piel del prepucio, se solucionaba el problema para siempre.

Ahora veo un aviso publicitario que vende la circuncisión completa, como la “solución definitiva a los problemas de higiene”. ¿Es en serio? Esa solución siempre ha existido: se llama agua + jabón todos los días. Es una institución médica, que se supone seria, vendiéndonos el “sillón de don Otto”. ¿Qué viene luego? ¿Sacarnos todos los dientes para evitar las caries?

Y de este lado, el de los usuarios/pacientes, tenemos una situación bien particular. Dado que nos falta largo trecho por llegar a una verdadera corresponsabilidad en la crianza, la persona que toma las decisiones respecto a esta situación termina siendo la mamá…No cabe duda que con buena intención, pero asumiendo la recomendación médica como final. Dejando afuera la perspectiva masculina.

Desde que emergió con fuerza el necesario movimiento feminista, he visto pasar un montón de bromas y chistes respecto al desconocimiento que tenemos los hombres respecto al placer femenino. Y me he reído de buena gana, porque muchos me identifican y la mayoría apunta a incompetencias reales que tenemos los hombres en relación a cómo viven el sexo las mujeres.

Con esto de la circuncisión, he descubierto que ellas también desconocen mucho respecto al placer sexual de un hombre. Una mamá que decide la circuncisión completa, está condicionando para siempre la vida íntima de su hijo, pero parece que en su análisis no está incluyendo esa variable. Existen casos documentados de traumas, bloqueos e incluso, intentos de suicido, por las consecuencias que ha acarreado a algunos hombres una operación en la que no tuvieron posibilidad alguna de decidir. Ni siquiera opinar.

En concreto: para un hombre esta operación significa, con el tiempo, la pérdida completa de la sensibilidad en el glande (cabeza del pene), lo que limita en un porcentaje importante, el tipo de experiencias que podrá incorporar en su futura vida sexual.

Es cierto, son niños, tienen 2, 3, 4 años, pero todos algún día serán adultos. Todos querrán vivir sensaciones plenas. Todos querrán tener la certeza de que nadie les limitó el futuro. ¿Por qué no considerar una segunda, tercera, o cuarta opinión, para esta importante decisión?



jueves, 29 de agosto de 2019

Ciento Dieciséis: Enfrentar para Aprender

Leo muchas historias de personas que inventaron enfermedades y otras excusas para eludir los bailes folclóricos de septiembre en el colegio, ya sea por miedo al ridículo o por pudor de su propio cuerpo (si les tocaba bailar pascuense).
Me parece que no es la escuela precisamente la "responsable" de cómo nos sentimos cada vez que estuvimos incómodos, sino nuestra formación familiar y la influencia de lo social en nuestras emociones.
De hecho, agradezco que profesores y contextos educativos me hayan puesto en incomodidades muchas veces, porque eso no me dejó más alternativa que enfrentarlas.
Independiente de como resultaron para mí en su momento, esas situaciones recrearon un mundo "real", en el que me he sentido incómodo todavía más veces. Y casi siempre, inesperadamente.
Superé miedos bailando, recitando, exponiendo, actuando...Lo pasé mal en ocasiones, pero entiendo que vivirlo en la adultez pudo haber sido mucho más impactante, pues no nos desenvolvemos en el ambiente contenido de un colegio. Y vaya que es diferente.