martes, 15 de diciembre de 2020

Ciento Veinticinco: "Solo, papá, solo"


Hace dos semanas que los #mellizos cumplieron 3 años. Hablan poco todavía (no es algo que nos vuelva locos en casa, porque entendemos que cada persona crece a su ritmo. Uno de las frases que más usan en lo cotidiano es la del título “solo, papá, solo”.

Cada vez que les enseño algo nuevo e interesante a sus ojos infantiles, quieren probar cómo se hace, a través de sus propios medios. Regar el patio; abrir la puerta del auto; poner un disco o un pendrive en el reproductor; tocar la guitarra; usar el control remoto; preparar la masa para hornear pan, por poner algunos ejemplos.

Para las cosas más aburridas, no existe tal disposición: comer la comida; sentarte a hacer pipí o caca; ordenar los juguetes…Son niños y son humanos como nosotros, los adultos, a quienes también lo rutinario nos da lata. Es el desafío lo que nos mueve con mayor rapidez y efectividad.

Los dejo hacer cosas solos, luego de analizar los diversos niveles de riesgo involucrados. Y las consecuencias. A veces, hacerlo solos no parece tan entretenido como se veía cuando era el papá el protagonista, y lo dejan rápidamente (nuestra lucha con las expectativas comienza con nuestro nacimiento). Otras veces, quieren seguir y seguir, hasta que papá pone límites (otros de los aprendizajes que no termina jamás: la tolerancia a la frustración).

Están creciendo rápido. Por la #pandemia y el #encierro he sentido muy de cerca la evolución de los muchachos. Y me encanta saber que ya están en el escalón que sigue. Que vienen cosas todavía más movidas para mamá y papá. Lo que será un desafío digno de lo mejor de nosotros.

 

 

 

martes, 13 de octubre de 2020

Ciento Veinticuatro: Lo Individual no define lo Colectivo

 


Uno de los obstáculos más complejos del cambio, es la falta de sentido de urgencia. O al revés: esa idea de que hemos avanzado, cuando estamos casi en el mismo lugar. Estáticos.

Y es que, como dice esta imagen, "tu experiencia personal no define la colectiva".

Si como mujer te abriste paso laboralmente, asumiendo incluso una jefatura/gerencia, al superar los obstáculos tradicionales del género, lamento decir que no es porque "las cosas hayan cambiado", ni porque "la que quiere, puede". Resolviste lo propio, pero habrá miles/millones que no podrán hacerlo.

Si como hombre compartes con amigos deconstruidos, sin pornografía en Whatsapp, sin memes machistas, y charlas en que comentas con libertad lo guapo que es Brad Pitt, tengo que contarte que lo tuyo es excepción. Que la mayoría de los hombres sigue anclado en la formación patriarcal del siglo XX.

Los números de la #pandemia sobre #corresponsabilidad han demostrado que una cosa es lo que se dice y se cree. Y otra muy diferente, la que se hace y se vive. Las mujeres han vuelto a llevarse el mayor peso.

Estimado varón: si en tu casa la #equidaddegénero es cotidiana, mi invitación es para no perder de vista lo que ocurre afuera. E influir en otros, para que lo "escaso" se vuelva "regla". Y la justicia llegue a todos/as.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Ciento Veintitrés: El Corazón Bajo el Cristal


 ¿Cuánta soberbia hay en denominar "Generación de Cristal" a jóvenes y niños de este presente, que estamos compartiendo?

¿Cuánta amnesia selectiva; cuánta normalización de viejas (y obsoletas) prácticas; cuánto aire de superioridad con respecto a la propia experiencia? ¿Cuánta falta de autocrítica?

Cuando entré a kínder (en 1982) fue un mundo nuevo para mí. A pesar de que estuve un año en un jardín de niños y niñas, era otra cosa ir al colegio: el edificio era enorme y había educadoras distintas, nuevas rutinas, un desafío tremendo para alguien de 5 años.

Usaba yo unos tremendos lentes "poto de botella", pues nací con un severo grado de hipermetropía (que conservo muy parecido hasta hoy). Los niños me molestaban, me pusieron nombres de todo tipo: "cuatro ojos"; "ciego", entre otros.

Llegué llorando muchas veces a casa. Mamá fue al colegio a hablar con las "tías" por el tema. Quien la atendió, le dijo que "los niños son así y él tiene que acostumbrarse, tiene que hacerse fuerte". Mi mamá nunca se olvida de la rabia y la impotencia que sintió.

Pero efectivamente: me hice fuerte. Decidí "asumir" ese tipo de cosas y peor que eso, comencé a devolverlas. Entré en la dinámica de la jungla escolar de aquel liceo masculino, y la profundicé en el siguiente, también sólo de hombres. Algunos de esos años me volví insoportable (me arrepiento mucho), porque era la manera de protegerme de los ataques de los demás.

Me golpearon de diferentes formas (jamás pegué un combo, nunca fui bueno para eso); molesté a otros, puse apodos, me refugié en grupos de amigos para evitar ser el centro de "las burlas de turno". Sobreviví, pero no me olvidé de nada. Tampoco de aquellos que lo pasaron horrible y que deben ser adultos con varias secuelas.

Aprendí esa lógica absurda de que "ser hombre" era un desafío cotidiano. Claro, porque cualquiera podía juzgar lo que hacías y llamarte "maricón" (con todo lo que ello implicaba de ahí en más para tu relación con los demás). Nadie quería eso. Ni siquiera los que de verdad estaban viviendo un despertar de atracción hacia el mismo sexo. Ellos sí que fueron reales supervivientes. Hoy los admiro aún más.

Yo era de cristal y me tuve que volver de acero, para que no me quebraran una y otra vez, de lunes a viernes. Era de cristal y tuve que guardarme lo mejor de mí hasta que ya estaba por salir del colegio y entendí de golpe qué cosas eran realmente relevantes y cuán poco importaba el juicio ajeno.

¿Crees que la violencia, el machismo y el bullying te "prepararon para la vida"? Pues yo lo volvería a pensar varias veces, porque probablemente lo que hiciste fue naturalizar para tu vida conductas que hoy sabemos que no son las ideales.

"Lo que pasa es que ahora se ofenden por todo".

Lo que pasa es que venimos de un tiempo en que nos ofendíamos por costumbre y asumíamos que a nadie le importaba, que a nadie le dolía (lamento decir que sí hubo muchas heridas). De una época en que el sexo era lo que veíamos en las páginas de unas revistas con mujeres desnudas, que alguien consiguió a escondidas (algunos trajeron eso al whatsapp de hoy). Y la masculinidad, era ser quien pega más fuerte; el que mejor juega a la pelota y el que se ha "comido más minas".

Qué alegría saber que los colegios tienen protocolos para el bullying. Qué bueno saber que hay sicólogos que abordan internamente situaciones complejas. Qué esperanzador saber, por mi hijo de 11 años, que no hay apodos, que sólo hay bromas y que niñas y niños se respetan de manera natural y se ven como iguales.

Llamaron "feminazis" a mujeres en búsqueda de la igualdad de género.

Llamaron "buenistas" a personas construyendo un mundo más justo, desde la ética.

No llamen, por favor, "generación de cristal" a nuestros hijos/as, sólo porque nos han hecho ver lo estúpidos e insensibles que fuimos en aquellos años. Lo mínimo que podemos hacer es escucharlos, para entender cuánto corazón y cariño le están poniendo a una sociedad nueva.