lunes, 18 de mayo de 2026

Ciento Treinta y Cinco: Una Victoria Pírrica

Cuando los triunfos tienen un alto costo para el vencedor, les llamamos “pírricos”, recordando a Pirro, rey griego que obtuvo una recordada victoria, aunque terminó con su ejército diezmado.

La nueva ley que prohíbe el uso de dispositivos tecnológicos en espacios educativos ha sido celebrada de manera transversal por madres y padres agobiadas/os por una época que nos exige mucho desde lo laboral, quedando la crianza supeditada a las posibilidades que nos da el contexto.

¿Prohibir los celulares en el colegio es realmente un triunfo? ¿O es más bien una inmensa derrota para quienes hemos decidido tener hijos/as? En la práctica, significa que no fuimos capaces de resolver el tema desde nuestra propia manera de enseñar y ejercer la autoridad. No pudimos transferir autonomía y criterio a nuestros jóvenes, para que fueran ellos quienes administraran su relación con la tecnología.

Perdón si se confunde autocrítica con negatividad. Es muy probable que la ley tenga un efecto positivo en la relación de todos los estamentos involucrados, sin embargo, los desafíos parentales no terminarán ahí. Y nuestra autoridad seguirá desvaneciéndose en beneficio del presente y perjuicio del mañana (de nuestros hijos/as).

Quizá sea una victoria, porque se logró un objetivo que potenciará el proceso educativo.  Aunque yo agregaría que es pírrica, pues quedamos profundamente dañados en nuestro rol de mamás y papás y frente a un desafío inmediato: ¿qué hacemos para que esos jóvenes que llegarán a casa ávidos y con angustia por carencia de pantallas, no las utilicen hasta la hora de dormir?


martes, 14 de enero de 2025

Ciento Treinta y Cuatro: El Desafío Enorme de Sorprender

La época que vivimos tiene cosas extrañas. Más bien, nos parecen raras a quienes ya estamos en otra etapa de “madurez” en la vida. Es la lógica de los cambios generacionales. Quienes somos mamás y papás hoy, estamos llamados a descifrar a hijos e hijas en códigos y maneras de hacer a las que no estábamos acostumbrados.

Y en un mundo que corre cada día más rápido, cuesta bastante. Más que las nuevas palabras o las nuevas costumbres propias de la juventud de siempre, tiene que ver con la exigencia que nos hace esta realidad, sobre la experiencia de existir en este mundo.

Cada día más nos cuesta sorprendernos con aquello que nos rodea. Muchas de las cosas que veíamos en películas o series son hoy una realidad con la que la infancia y los jóvenes conviven, asumiendo que siempre hay un camino fácil para alcanzar aquello que están buscando.

No es la Internet, ni las Pantallas, ni el Streaming. Es la reflexión que yace bajo la tecnología y la sociedad del conocimiento: ¿para qué querría hacer algo, si ya está todo hecho? La amenaza y el enemigo más reciente se llama Inteligencia Artificial y se instaló rápidamente como una tentación a la mano. Una herramienta mágica que lo responde todo. Que es capaz de evitarnos “la fatiga de pensar”.

Es inevitable y obligatorio que asumamos con propiedad ese rol de mediadores que ya habíamos comentado en estas páginas hace algún tiempo. Que entendamos que nuestra ausencia puede ser catastrófica para el desarrollo de niñas y niñas, al no verse desafiados, ni sorprendidos por una realidad que tiene que resultarles tan atractiva, como para querer descubrirla. Y no tener miedo a equivocarse en ese esfuerzo.

Ciento Treinta y Tres: Urgente, Criar Buenas Personas

La ética es la rama de la filosofía que estudia la conducta humana: lo correcto y lo incorrecto (y las razones para ese acuerdo). ¿Por qué la definición? Porque en esta época da la impresión de que hemos perdido de vista la importancia de transmitirla y enseñarla como parte del ejercicio de la crianza.

Es un hecho: niños y niñas no nacen “buenos” o “malos”. Sí nacen con la capacidad de aprender a discernir entre ambos mundos, incluso desde muy temprana edad. ¿Quién les enseña? Básicamente, su entorno, representado por la familia y el colegio.

Si el entorno falla–como tristemente sucede a diario en nuestra sociedad, por diversas razones- tendremos futuros adultos atraídos por el delito como camino válido para sus vidas. Una tragedia constante, que debería convertirse en un desafío a superar de manera colectiva.

Si el entorno tiene la capacidad, el tiempo, la formación y no pone foco en la enseñanza de la ética (por razones que también resulta urgente conversar), las consecuencias serán similares, con la diferencia de que nos estaremos preguntando “¿cómo pudo ocurrir esto acá?”.

Bullying; abuso sexual; uso perverso de la tecnología para denigrar a otras personas. Tres ejemplos de situaciones que han ocurrido últimamente en espacios supuestamente privilegiados. La familia parece no estar ¿por qué? El colegio parece no haber levantado las alertas a tiempo ¿por qué?

Durante los últimos 15 años, filosofía ha estado a punto de desaparecer del currículum escolar. aunque felizmente, la resistencia de unos pocos ha sido tozuda. Aun así, resulta urgente profundizar en la escuela para resolver los dilemas que enfrentan nuestros hijos/as por estos días.

¿Y por casa, cómo andamos? Comentar nuestro día; discutir el fondo de una película o de una noticia en conjunto; abrir conversaciones profundas en la mesa. ¿Realizamos acciones conscientes para que nuestros niños/as resuelvan problemas de índole ética? Para formar juicio y pensamiento crítico, no bastan el Hombre Araña o la Mujer Maravilla. Hacen muchísima falta papá y/o mamá.