Cuando los
triunfos tienen un alto costo para el vencedor, les llamamos “pírricos”,
recordando a Pirro, rey griego que obtuvo una recordada victoria, aunque
terminó con su ejército diezmado.
La nueva ley
que prohíbe el uso de dispositivos tecnológicos en espacios educativos ha sido
celebrada de manera transversal por madres y padres agobiadas/os por una época
que nos exige mucho desde lo laboral, quedando la crianza supeditada a las
posibilidades que nos da el contexto.
¿Prohibir los
celulares en el colegio es realmente un triunfo? ¿O es más bien una inmensa
derrota para quienes hemos decidido tener hijos/as? En la práctica, significa
que no fuimos capaces de resolver el tema desde nuestra propia manera de
enseñar y ejercer la autoridad. No pudimos transferir autonomía y criterio a
nuestros jóvenes, para que fueran ellos quienes administraran su relación con la
tecnología.
Perdón si se
confunde autocrítica con negatividad. Es muy probable que la ley tenga un
efecto positivo en la relación de todos los estamentos involucrados, sin
embargo, los desafíos parentales no terminarán ahí. Y nuestra autoridad seguirá
desvaneciéndose en beneficio del presente y perjuicio del mañana (de nuestros
hijos/as).
Quizá sea una
victoria, porque se logró un objetivo que potenciará el proceso educativo. Aunque yo agregaría que es pírrica, pues quedamos
profundamente dañados en nuestro rol de mamás y papás y frente a un desafío
inmediato: ¿qué hacemos para que esos jóvenes que llegarán a casa ávidos y con
angustia por carencia de pantallas, no las utilicen hasta la hora de dormir?
