viernes, 13 de junio de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Setenta y Cinco: Silencio de Hombre
Puede que no compartan esta visión conmigo, pero me da la
impresión de que –casi como una tendencia histórica- los hombres no hablamos tanto
de lo que nos pasa con los hijos, como sí lo hacen las mujeres.
Y no tiene que ver con el rol secundario (o bajo perfil) que
asumimos durante el proceso de embarazo y crianza temprana. Ese papel que –pienso-
debemos asumir con orgullo y pasión, sin perder de vista que una madre (por
razones biológicas) siempre será el centro.
Desde mi punto de vista, este “Silencio de Hombre”, tiene
que ver con nuestra masculinidad y los paradigmas que hemos albergado en ella
desde pequeños. Con eso de no mostrar demasiado de lo que sentimos; de
permanecer siempre estoicos; de cuidar nuestro territorio de “machos puros”.
También hay algo de temor a lo desconocido. Y es que
nuestros padres, pertenecientes a otra generación (el mío cumplirá 66 este
año), jamás nos hablaron desde la emoción, sobre lo que significaba el espacio
que habían abierto en sus corazones desde nuestra presencia.
Este blog, y su libro derivado, surgieron desde la energía
incontenible de la paternidad, y la inexistencia de filtros que me impidieran
compartir lo vivido con la parte del mundo que quisiera escucharme. No quería
escribir manuales que recopilaran “tips” en el cuidado de un bebé, sino
escribir desde la experiencia. La pura y simple primera experiencia con un mundo
del que no tenía más que referencias.
Hasta acá, creo que ha funcionado bien…por lo menos,
historias no han faltado. Alguien me preguntó, cuando el blog recién tenía un
mes, si había material suficiente para mantenerlo….Recuerdo que le dije: “Después
de ser padres, ya no dejamos de serlo”. Y como dicen: “Hijos pequeños,
problemas pequeños; hijos grandes, problemas grandes”…
El refrán es una caricatura, por cierto. En la práctica,
cada nuevo desafío se asemeja mucho a un Everest o un Ojos del Salado…porque la
solución surge desde contextos diferentes, desde estadios de aprendizaje que no
son estáticos.
No me cabe duda que cada vez hay menos “Silencios de Hombre”.
Y pienso que es bueno que así sea. Si en algo he aportado estos años, a ese
lento cambio, genial.
Creo que para ser papá, definitiva y literalmente, hacen
falta “huevos”.
viernes, 16 de mayo de 2014
Setenta y Cuatro: CINCO
“No puedo detener el tiempo que se escapa entre mis dedos…frágiles”,
escribí una vez en una de las canciones favoritas de mi banda. Hace una
eternidad que no vuelvo a tomar la guitarra para algo en serio como componer o
ensayar con otros músicos aficionados. Sin embargo, ahí está esa melodía, y esa
letra, que no pierde vigencia en mi vida.
Puede que ahora entienda mucho mejor lo que quise decir con
esa frase. Es una real paradoja que hace mucho tiempo que el tiempo ocupe mi
tiempo. Durante una época, incluso, reconozco que lo pasé mal, pensando en la
finitud de todo lo que nos rodea. No me conformaba con eso, quería retenerlo al
costo que fuese. Pero inevitablemente, limitaba con la “fragilidad de mis dedos”.
El esfuerzo por contener la historia, nuestra historia…no
debe ser infructuoso, aunque nos lo parezca. No podemos detener el tiempo, es
verdad, pero sí podemos elegir qué hacer con él. A pocos días del quinto
cumpleaños de Darío, la evaluación de mis decisiones me deja tranquilo y feliz.
En cinco años aprendí mucho más que en los primeros
treinta y uno. Aprendí mucho más de mis errores; de mis prejuicios; de mi
comportamiento, tantas veces absurdo. Aprendí que mis opiniones nunca son
definitivas; que la inconsecuencia no es sino la oportunidad de crecer y dejar
atrás una etapa.
La paternidad me hizo hombre, en todo el sentido de la
palabra. Me volvió capaz de comprender que detrás de cada palabra hay una intención.
Y que cada rostro oculta siempre un sueño.
Hoy me siento capaz de derribar cualquier tipo de
límites. Y me he encargado de demostrarlo con hechos, jugándomela por lo que
parecía imposible. Aun cuando el porcentaje de logros no sea del 100%.
Tus ojos están siempre sobre mí, recordándome que soy tu
héroe personal, y que no hay nada que pueda detenerme. Ni siquiera un reloj en
mi muñeca, o un calendario pegado en la pared de nuestra cocina, Cada uno de
mis esfuerzos ha buscado estar a la altura de lo que soy para ti.
Cinco años para festejar, mas no para lamentarse. Cinco
años para decir: qué rápido que pasa el tiempo, cuando lo vives intensamente.
Cuando no hay pendientes. Cuando estás feliz de haberlo entregado todo.
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